La gente perfecta

Por: Eunice Kuri

Cada vez que veo el rostro de un niño me doy cuenta de su perfección. Su sonrisa, sus dientes mal alineados, las manchas en su cara e incluso su pelo revoloteado lo hacen una creación perfecta.

No es la primera vez que esta sensación me invade. Hace días viajaba en metro. Gente entraba y subía cada cinco minutos. Observé rostros preocupados, rostros indiferentes, felices, con sueño, e incluso sin expresión. Me preguntaba ¿qué estaría pensando cada persona? ¿Con qué problemas se habían enfrentado durante el día?, o ¿qué cosa maravillosa pudo haberles pasado en un día tan normal como ese?

Cada rostro, cada mundo, cada cabeza, cada pensamiento. Tantas historias por contar. Tantas preocupaciones; pero ahí estábamos todos reunidos en aquellos vagones viajando a nuestros destinos temporales. Haciendo gestos de indiferencia envuelta en rutina.

¡No se dan cuenta que son tan perfectos! Pensé. Sus ojos combinan celestialmente con el tipo de nariz y boca enmarcados por una cara delgada, puntiaguda o regordeta.

De repente quise decirle al señor de sombrero que estaba a mi lado: “Señor ¿se ha dado cuenta que su cara es única que en este planeta,  y difícilmente va a haber alguien igual que usted en el mundo? Así que siéntase orgulloso de ser quien es; de su diseño especial y de poseer una combinación única de genes. ¿Sabía usted que no hay otro ADN igual al suyo en TODO el mundo? ¡En todo el mundo! ¿No es eso increíble?”. Pero, como era de esperarse; no lo hice.

Encuentro una extraña fascinación por observar rostros de personas y detallar sus facciones. Así que no es raro que le diga a alguien cercano: “Me gusta tu nariz” o “Tus dientes son perfectos” o “Tienes unos ojos muy bonitos”. Y si lo digo es por que verdaderamente lo creo.

No considero que haya alguien feo o poco agraciado. Sólo somos perfectamente diferentes.

Todos hemos pasado por la etapa de aceptarnos tal como somos y no me refiero tanto al aspecto físico, sino a todo “el paquete”; es decir, aceptarnos tanto física, emocional y espiritualmente. Aceptar nuestras fortalezas y debilidades; errores y aciertos. Ahora, el hecho de aceptarnos tal cual somos no nos da derecho de escudarnos en la comodidad de “así soy yo”; pues siempre habrá conductas o acciones a corregir que nos harán crecer como seres humanos.

Hace algunos meses no entendía la razón de porqué me afectaban ciertas cosas más que a otras personas. ¿Por qué hay corazones más vulnerables que los de otros? Hoy, lo encontré la respuesta: simple y sencillamente porque cada individuo posee un diseño único.

Así que tu vecino nunca será igual a ti. Y tú nunca podrás ser igual a la señora de la tienda de conveniencia; y por más que te esfuerces jamás podrás llegar a tener los talentos que alguien más posee o viceversa. Ahí radica nuestra perfección. Cada vez que te veas en el espejo abraza la idea de que eres un ser perfecto que Dios creó a su semejanza e imagen para un propósito.

He aprendido a querer mi cabello grueso y desaliñado, mis pies con pisada pronadora y los dedos chuecos de mis manos. Mis anhelos (por más locos que parezcan) y mis fallas, pero también he aprendido a ver la perfección en la persona que tengo al lado.

Tal vez, si pudiéramos vernos como si fuéramos niños entenderíamos que nuestra perfección va más allá de los atributos físicos y posesiones; centrándose en el asombroso hecho de ser diferentes.










Autora:
Eunice Kuri

Comunicóloga de profesión. Corredora y amante de los gatos. Le gusta combinar el café con una plática interesante. En su tiempo libre la encontrarás escribiendo, pintando al óleo o leyendo. Cree que puede ser trotamundos.